CREENCIAS Y RITUALES EN EL CICLO VITAL DE LA MUJER : UNA BREVE MIRADA SIMBÓLICA

1 – Introducción

Aunque, este trabajo no tenga como objeto de estudio el grado de parentesco, pero en la unidad familiar , ella hace parte y es la responsable, por la continuación de la especie, desde la concepción hasta, la determinación del sexo de sus hijos. Y por cuenta de esa responsabilidad solitaria, sin poder dividirla con el hombre, muchas perdieron sus propias vidas, cuando no tenían, es decir, cuando no parian varones. La revisión realizada de los estudios etnográficos del siglo XX en España sobre las creencias del ciclo vital de la mujer, que nos disponemos a abordar aquí, creo que han sido ampliamente explorados, dando lugar a muchos trabajos, pero en una perspectiva que no incluía el análisis simbólico de los hechos. Sin embargo, no ha sido nuestra intención pasar exhaustiva revista sobre todas las creencias del mundo y de todas las épocas dado que nuestra finalidad se limitaba a hacer una revisión preliminar de las creencias del ciclo vital.

Los fenómenos que hemos encontrado en los textos, nos han permitido poner en estas páginas, aunque muy simple y aventuradamente, el papel de la mujer y del hombre, así como el análisis de los símbolos presentes en el momento de la concepción del proceso ciclo vital, pero en este momento sin contextos históricos. La razón por la cual el texto presenta tal abundancia de citaciones, es justamente porque se trata de una revisión de los estudios etnográficos cuya información recogida a través de los trabajos de campo, es la que me ha permitido hacer el planteamiento de los diferentes momentos del proceso de concepción y de igual forma evidenciar los elementos simbólicos presentes en el mismo. El interés sobre esta temática está en directa relación con mi formación profesional como enfermera y por la experiencia de 25 años, con las comadronas en los pueblos brasileños.

Prof.ª – Eloine Nascimento de Alencar [47]

2 – CREENCIAS Y RITUALES DE LA CONCEPCIÓN / FERTILIDAD

2.1 – La Concepción

Sin duda el momento de la concepción, es uno de los pasos más importantes del proceso del ciclo vital de la vida humana, principalmente en el papel que desempeña la mujer en un contexto sociocultural como perpetuadora de la especie.

Casas (1947) expone, que en la naturaleza no todos son fértiles y que, la fecundidad no es concebida por la Naturaleza a todas las mujeres, hay organismos inaptos para engendrar ; otros que posiblemente tendrán aptitud emparejan con incapacidades fisiológicas, que esterilizan la obra del amor. En todas las épocas, ese lote de matrimonios desventurados, sin hijos, han buscado ayudas mágicas o providenciales para conseguir sucesión, cuando el tiempo les declaraba en quiebra de sus funciones reproductoras, o antes, si les había desahuciado la ginecología. Y por mérito de su propaganda se adelantaban los matrimonios, sin aguardar la prueba del tiempo, a gestionar esas ayudas extrahumanas, sin las cuales creían imposible concebir. Así se extendieron y generalizaron los ritos de fecundación, que hoy retroceden a los límites de extrema necesidad (p.17). En este mismo sentido, Roque (1998) añade que, Para concebir un ser humano será necesario llevar a cabo rituales pautados que servirán para ir formando las esencias del nuevo ser social : alguien con alma, o sea, con facultades humanas y, por tanto, simbólicas. Entre la naturaleza y la cultura, entre lo biológico y lo social, aparecen los elementos, los mitos, las construcciones jurídicas y científicas que colocan al nuevo ser en la trama de su sociedad, con un sistema de valores y de creencias en el que se buscan criterios de racionalidad (p. 55).

Para lograr un embarazo, siempre se ha dejado como responsable a la mujer, pues el esperma humano, siempre fue puesto como definición de fértil [48], aunque éste para muchas culturas islámicas por ejemplo, es visto cómo impuro y considerado como sangre blanca. Solo hasta hace muy poco tiempo, el hombre también comparte la responsabilidad por no conseguir que la mujer logre una concepción. Aunque “Aristóteles comenta que las hembras más ardientes entre los animales son las yeguas y que de aquí viene aplicar el nombre de este animal a la mujer que usa sin mesura los placeres del amor” (Roque, 1998, p.57), a pesar de.

Con relación a la concepción, hubo una época donde se creía que el “pneuma”,era el responsable por la concepción de mujeres y hembras. Según Roque, algunos presocráticos suponían la existencia de una sustancia (el aire) que rodeaba y penetraba el universo entero [49], cómo si fuera el alma [50] (Roque, 1998, p.58).

En la iconografía cristiana son muchas las escenas, donde aparece el soplo de Dios, que insufla la vida, basado en el pneuma. “Creencia que servirá también para explicar el nacimiento virginal de Cristo [51], que se mantendrá en la Edad media y que llegará incluso hasta nuestros días a través de los cuentos y dichos populares” (Roque, 1998, p. 58).

El pneuma en España también era el encargado de fecundar a las mujeres como lo expresa Casas en su trabajo de 1947, donde cuenta que el marqués de Cerralbo decía que las mujeres solteras de Santa María de Huerta (Soria) se escondían de la brisa, que tenía fama de embarazarlas, y apedreaban los vientos con piedras recogidas en el Sábado de Gloria durante el momento que se tocan las campanas de Resurrección. Mientras la dificultad en comprender el milagro de la concepción, surgen otros mitos referidos por Roque (1998) :

2.2 – Concepción a través de algunos elementos de la naturaleza – (agua, piedra, árboles) y la Iglesia Católica

Con el intento de combatir la esterilidad se han desarrollado un gran número de ritos y creencias que según Erkoreka (1991) estan, presentes y son similares en amplios territorios de Europa occidental e incluso en otras partes del mundo. Los rituales más antiguos asocian la reproducción o con más propiedad deberíamos decir la reproducción asistida, a tres elementos naturales como son las piedras. El agua y los árboles. Sin embargo, la mayoría de los rituales que han llegado hasta nuestros días son los de carácter cristiano que, a pesar de ser más reciente, son los más recurridos actualmente. Este cambio, probablemente, es debido a que el pueblo percibe el crudo naturismo y el aspecto arcaizante y pagano que tiene el recurso a los elementos primordiales como pueden ser los vegetales, el agua o las piedras (p.166).

Casas (1947) también expone en los tres ejemplos siguientes, que la fuerza de algunos elementos de la naturaleza como elemento fecundante en contacto con el cuerpo, es lo que proporciona la fecundación,

- en la montaña tarraconense existe una peña, desgastada y pulimentada por el uso, en la que restriegan su vientre las mujeres del país para ser fecundas.

- en el santuario de San Miguel de Excelsis, sito en el monte Avalar (Navarra), hay una piedra desde la que, sentadas, oyen la misa las estériles [52].

- en Villamayor de Salamanca remedian la infecundidad poniendo entre las conchas o caparazón de un galápago tres hojas de fresno macho, que rocían de vinagre blanco cada tercer día, por espacio de tres meses, tres semanas y tres días [53]

- en Guijo de Santa Bárbara (Cáceres) creen que si una melliza soltera, nacida en jueves Santo, pisa en los lomos a una estéril, ésta concibe prontísimo (p.21-22).

Mientras se cree en la fuerza de la naturaleza, la Iglesia Católica tiene su papel bien delimitado para el momento de la concepción, haciéndose presente en los ritos y creencias como coadyuvante de la naturaleza, donde por supuesto la participación de la mujer y su concepción cultural sobre la fecundación, son las que mantienen la tradición.

A este respecto Erkoreka, afirma que, cada comarca del país cuenta con una ermita o santuario donde las mujeres estériles buscan ayuda. “Esta práctica cristiana se completa con rezos, ofrendas o la presentación de ropitas u objetos infantiles con el fin de llamar la atención de la virgen o del santo correspondiente” (Erkoreka, 1991, p.166).

Respecto de las dificultades que tiene que afrontar la mujer frente a la fecundidad, Casado (1992) también afirma que este momento tan deseado por ella, a veces no es posible conseguirlo fácilmente y, entonces, recurría a remedios singulares. El agua, que fertiliza la tierra, es un elemento muy apreciado en diferentes culturas, y hay manantiales o fuentes a los que el pueblo atribuye virtudes especiales, como quedó recogido en aquella cancioncilla sefardí : Una fuente hay en Sofía, corriente de agua fría, quien bebía de aquella agua al año preñá venía. Y lo mismo que el agua de las fuentes, la del mar y de los ríos. Famosas son las nueve olas que, antes de salir el sol, recibían las mujeres estériles la víspera de la fiesta de la Virgen de la Lanzada [54], [55] en playas pontevedresas. Y, en este sentido, el rocío y el agua de la noche de San Juan beneficiaba a las jóvenes que deseaban ser madre en el matrimonio (p.13).

El agua, es un elemento que representa simbólicamente el femenino, pero puede ser también masculino, cómo lo referencia Lurker, para babilonios y egipcios el océano primordial era bisexual. El mar con todos sus peligros se percibía en gran medida bajo el aspecto masculino, y de acuerdo con ello estaba gobernado por dioses : Nun (egipcios), Poseidón (griegos), Neptuno (romanos), Manannan (celtas, antigua Irlanda), Tangaroa (Polinesios), Olokun (yorubas en el África occidental). El femenino por el contrario está representado por las aguas de pozos, fuentes y estanques. “En ellas tienen su casa las ninfas, las ondinas y las sirenas. El alumbramiento elemental del agua viva brotando de las entrañas de la tierra puede recordarle al hombre primitivo y en contacto con la naturaleza el proceso de un nacimiento” (Lurker, 1992, p.280).

No obstante, los árboles, las piedras son otros elementos también procurados para facilitar un embarazo. Por eso, muchas culturas “atribuyen a los árboles una cualidad fertilizante” [56] (Erkoreka, 1991, 166).

Las piedras como fertilizantes, tienen según Erkoreka (1991) su poder y, en San Miguel de Aralar (Navarra), hubo una losa sobre la que solían oír misa las mujeres que deseaban tener familia. Una vez se sentó una que había tenido quince hijos. La señora del templo se le acercó y le dijo :

-Qué, ¿no tiene niños ?

-Pues ; ¿por qué ?

-Porque ahí suelen oír misa las que quieren tenerlos.

-¡Mil demonios ! ¡Tengo ya quince y yo pedí niños ! No le valió ; en el siguiente parto dio a luz gemelos (p. 166).

Percibimos, que las mujeres tenían una fe tan grande, que después de un evento así, ocurría un embarazo, por lo que, fue atribuida a la misa. Según el mismo autor en el santuario de los Santos Antonio de Urkiola en Bizkaia acudían a solicitar pareja [57]. A esta costumbre se añadía la de dar varias vueltas alrededor del pedrusco situado frente al templo que, según algunos, es un meteorito que posee virtudes especiales [58]. De igual forma su investigación recoge las reseñas históricas de otras ermitas que fueron empleadas como espacios para los rituales de concepción ; como es el caso de la ermita de Sandaili en Oñati (Guipúzcoa).

Está situada en el interior de una cueva de cuyas estalactitas se desprenden gotas de agua que, según es creencia generalizada, poseen el don de fertilizar a las mujeres. En 1983 un vecino del barrio de Araotz, donde se encuentra el santuario, me contaba en la misma ermita que, antiguamente, las mujeres estériles de la comarca acudían allí y, para conseguir descendencia, se humedecían los geniôales, la vagina según sus propias palabras, con el agua que caía del techo y se recogía en el gran recipiente de piedra situado junto a la escalera que sube al recinto. También me afirmó que hasta hace años en la ermita había conseguido descendencia de esta manera (p.167).

2.3 – Algunas creencias recogidas sobre la concepción en Castilla y León

Estas creencias también estaban presentes en Salamanca (Castilla y León), y el trabajo de investigación de Blanco (1999), así lo afirma la superstición de que se logra la fecundidad echando sobre la cama de la mujer estéril los pantalones de un hombre acreditado de fecundo. [59]. Hay también la creencia de cuando el cordón umbilical [60] es delgado, anuncia que la mujer ha perdido la fecundidad y aquél será su último parto. En la información de Vitigudino y pueblos de Ramajería se dice lo siguiente al respecto : también he oído que tirando una chinita redonda todas las mañanas a la salida del sol en un pozo, durante un mes, será la mujer seguramente embarazada. En casi toda la provincia a la estéril se la llama machorra y en la Ribera del Duero según la información que se ha procurado allí el Señor Arnés, se designa también con este nombre a la mujer que no es apta para concebir (p.19).

Aunque fuera importante la concepción, en el casamiento, Espina & Juez (1990), explican que, la mujer además casada, adquiere una nueva posición dentro de la sociedad ; ahora bien no posee plenamente su status hasta que no ha realizado lo que se le atribuye esencial y que da sentido a su matrimonio : tener hijos. Una vez realizada la unión, la reciente esposa desea de un modo ferviente el embarazo, pues el retraso de éste puede colocarla en una situación poco agradable dentro de su nueva familia. (…) En Honduras de Huebra, Castilla y León, la recién desposada de la comarca, no es ajena a este tipo de situaciones, y en su búsqueda de la fecundidad recurre a diferentes variantes de lo sagrado : ofrecíamos unas velitas a San Antonio o hacíamos una promesa a la Virgen del Carmen la mujer de Honduras de Huebra , preocupada por el éxito de una cuestión sobre el que poco puede influir técnicamente, solicita la ayuda de fuerzas superiores personificadas. Pero junto a este tipo de búsqueda de la procreación que apela a personificaciones de lo superior, también se creía en el poder fecundante de la luna [61] : en cuarto creciente era la fase más favorable para asegurar la concepción (p.183).

3 – CONCLUSIONES PRELIMINARES

• El ciclo vital de la mujer es uno de los puntos que ha despertado más el interés de muchos investigadores, al menos de los que conseguimos datos ;

• La mujer fue y puede continuar siendo responsable de su concepción, su dificultad en quedarse embarazada, una responsabilidad que no fue compartida, y creemos que aún continuará sola, frente al poder masculino del hombre ;

• Dentro del ciclo vital, la concepción forma parte de una de las fases más importante de la vida del hombre ;

• La creencia, es unos de los comportamientos que dan vida a la cultura de un pueblo y la tradición la que da su movimiento, pues se transmite de generación en generación ;

• A través de sus creencias, el pueblo se fortalece, con la intención de controlar los fenómenos negativos que podrán acompañar a la mujer y a su hijo en todo el proceso de transformación biológica, social y cultural de su ciclo vital ;

• Las creencias alrededor de la concepción en el ciclo vital, nos muestran, que las mujeres están más presentes, en todo el proceso, aunque la participación del hombre esté incluida ;

• El análisis de los símbolos, en los rituales y las creencias encontrados en los trabajos etnográficos contribuyeron a una mejor comprensión del pensamiento del hombre en el proceso de concepción del ciclo vital ;

• Los símbolos estuvieron y siempre estarán presentes, en toda la humanidad, pues es a través de ellos que el hombre transmite sus pensamientos, su compresión del mundo, y además, consigue comunicarse entre ellos y entre otros pueblos.

4 – LISTA DE BIBLIOGRAFÍA CONSULTADA

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Bonte, Pierre & Izard, Michael (1996). Diccionario Akal de Etnología y Antropología. Ediciones Akal, S. A., Madrid.

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Casas, Enrique, Gaspar (1947). Costumbres Españolas : de nacimiento, noviazgo, casamiento y muerte. Madrid.

Casado, Conchas, Lobato (1992). El nacer y el morir en tierras Leonesas. León por dentro. Surcos 3. Caja España.

Chevalier, Jean & Cheerbrant, Alain (1988). Diccionario de Los símbolos. Editorial Herder. Barcelona.

Erkoreka, Antón (1991). Ritos de fertilidad. KOBIE – Antropología Cultural, nº 5, Bilbao (Spain), pp. 165-169. Diputación Foral de Bizkaia.

Fernández, José Felipe Alonso-Checa (1993). Diccionario de Alquimia, Cabala, Simbología. Editorial Master, S. L. Madrid.

González Viana Días, Luis(1996). En torno de la cultura popular y los conceptos de cultura : Contribuciones a un debate permanente. Revista de Dialectología y Tradiciones Populares. Tomo LI Cuaderno primero, Madrid, pp.159-180.

Lurker, Manfred (1992). El mensaje de los símbolos : mitos, culturas y religiones. Editorial Herder. Barcelona.

Martín, Criado Arturo (1999). Antiguas creencias populares. Revista FOLKLORE. Edita : obra Social y cultural de Caja España. Valladolid, pp. 3-22.

Opie, Jona & Tatem, Moira (1990). A Dictionary of Superstitions. DC : autor Iona Opie ande Moira Tatem. Oxford University Press.

Roque, Maria – Ángel, (1998). El viento y la covada. Mitos y ritos de las Baleares. Revista de Dialectología y Tradiciones Populares. Tomo L III – Cuaderno Primero-Consejo Superior de Investigaciones Científicas – instituto de Filología- Madrid, pp.55-80.

Sánchez, Dragó Fernando & Vega, António Ruiz (1997). Diccionario España Mágica. Espasa Calpe, S.A., Madrid.

Susarte, F. (2000). Bodas y partos de las Reinas de España. Instituto Alicantino de Cultura Juan Gil-Albert. Diputación Provincial de Alicante.

Tylor, Edward Burnett (1981). Cultura Primitiva I. Editorial Ayuso-Madrid.

White, Leslie A.(1940). El Símbolo : origen y base de la conducta humana. Vol.7, Editorial Piados. Buenos Aires.

* Quisiera dejar constancia de mi agradecimiento a : Drª Dña Mercedes Cano Herrera – Tutora de la investigación ; Drª Dña Maria do Carmo Tinôco Brandao – Orientación para el análisis simbólico ; Dr. D. Donizete Rodríguez Aperecido – Orientación temática y Doctoranda Dña Fabiana Londoño Sánchez – Correción de texto.

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